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Crédito foto Clínica Mayo.
Investigación

Uso de la inmunoterapia crece, pero falta afinar puntería

Los pacientes aptos para recibir estas nuevas drogas aumentaron un 44% desde que se aprobó el primer tratamiento que reactiva nuestras propias defensas contra el cáncer.

Cuando en 2011 se dio el «vamos» al fármaco ipilimumab para el melanoma metastásico -un tipo de cáncer a la piel muy agresivo- los tratamientos para enfrentar la enfermedad iniciaron una nueva época. Tanto la calidad como la sobrevida de sus beneficiarios se incrementaron de un modo notable. Incluso palabras como «cura», prácticamente desconocidas en estos casos, comenzaron a usarse en personas con tumores diseminados e inoperables.

Se trata de medicamentos que «liberan» a las células de nuestra sangre encargadas de defendernos, y que han sido «secuestradas» por las cancerosas para que no ataquen al tumor. Es decir, reactivan las propias defensas del organismo para destruir el cáncer.

Estamos frente a una revolución silenciosa, pero donde aún se beneficia a un porcentaje limitado de pacientes.


Lo que vemos es que estas nuevas drogas son de gran ayuda, pero aún están ‘anichadas’ en un perfil de pacientes.»

Doctor Mauricio Burotto (Centro de Estudios Clínicos Bradford Hill)

Los doctores Vinay Prasad y Alyson Haslam, ambos del Instituto Knight del Cáncer, de la Universidad de Oregon, analizaron un período de tiempo que va desde marzo de 2011 hasta agosto de 2018. Es decir, desde la aprobación por la FDA (organismo regulador de EE. UU.) de la primera droga inmunoterapéutica, hasta mediados del año pasado, cuando ya existían seis de estos fármacos visados para 14 indicaciones oncológicas diferentes.

Pues bien, en el lapso estudiado -y que comprende casi ocho años-, el porcentaje de pacientes con cáncer que resultaron aptos para recibir inmunoterapia creció del 1,54%, en 2011, al 43,63% en 2018. Así, la respuesta exitosa pasó del 0,14%, en 2011, al 12,46% en 2018. Los resultados de la investigación fueron publicados en la última edición de la revista JAMA Oncology.

Para mejorar las cifras, los investigadores recomiendan explorar nuevas “pistas” (biomarcadores) que indiquen con más precisión cuáles serán los pacientes que obtendrán el mayor beneficio -o incluso la cura – con la inmunoterapia.

Los linfocitos T son células de nuestras defensas que la inmunoterapia «reactiva» para que vuelvan a atacar los tumores.

El oncólogo chileno Mauricio Burotto cree que el estudio de Prasad y Haslam «aterriza a la realidad» lo que son los nuevos tratamientos del cáncer, específicamente las inmunoterapias:

«Lo que vemos, hasta ahora, es que estas nuevas drogas son de gran ayuda, pero todavía están anichadas en un perfil de pacientes. Tampoco cambian radicalmente el panorama de la terapia contra la enfermedad. »

Entre 2015 y 2017, los ensayos clínicos con estos medicamentos aumentaron un 600%. Es decir, de 215 a más de 1.500. Sin embargo, sólo se analizó un par de «blancos» ya conocidos.

«Contar con la droga perfecta para cada paciente todavía no es posible. Hoy se buscan fármacos que sirvan para un checkpoint (blanco terapéutico) compartido por varios tumores. (…) Lo que faltan son nuevas drogas. Hay un avance importante, pero menos de lo que parece. Todavía queda mucho por hacer «, explica Burotto, quien es director médico del Centro de Estudios Clínicos Bradford Hill y oncólogo de la Clínica Universidad de Los Andes.

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