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La compañía sigue con su campaña después de la muerte de su fundadora.
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¿Conoces la historia de la cinta más famosa del mundo?

Una reina persa que rogó a su esclavo amputar su pecho y una niña que huyó de los nazis. Estos momentos son parte del esfuerzo de miles de mujeres que, finalmente, tomó forma en el lazo creado por Evelyn H. Lauder.

El rosado llamará su atención durante octubre. Más específicamente, un lazo o cinta de ese color que podrá ver en campañas de salud, solapas, prendedores y hasta en edificios y monumentos del mundo entero. No se trata de que el rosa es el new black, sino del símbolo de la campaña que Evelyn H. Lauder creó en 1992 para representar la lucha mundial contra el cáncer de mama.

La historia de este listón nos transporta a la Viena de los años 30. En ese lugar nació la futura ejecutiva de la compañía de belleza Estée Lauder. Pero los nazis ocuparon la ciudad y su familia de origen judío debió refugiarse primero a Inglaterra, donde Evelyn incluso pasó por una guardería antes de que sus padres pudieran tomar un barco hasta Nueva York (EE. UU.) En esta nueva metrópolis estudió psicología y antropología, y sería en los campus universitarios donde conocería a su futuro marido quien, adivinen, era hijo de la mismísima Estée Lauder.

Evelyn H. Lauder y la cinta que hizo historia.

Si piensan que se trata de una épica que nos lleva atrás en el tiempo, escuche esto: el cáncer de mama es de seguro la enfermedad oncológica que más lejos se puede rastrear en la historia de la humanidad. De hecho, fue el primer tumor descrito en el antiguo Egipto por el sabio Imhotep (2.650 a.C.), quien se refirió en sus papiros a “un bulto que se palpa como una fruta dura”. También Hipócrates lo describió de una forma vívida, y ocupó la palabra karkinos (cangrejo) para referirse a la enfermedad, que es el origen del término cáncer. Y en medio de todo aparece la conquista -literal y metafórica- que libró la reina Atosa de Persia. Según Heródoto, la soberana tomó la decisión de pedir a su esclavo griego que amputara uno de sus pechos para así librarse del dolor y seguir con sus victorias.

El 2000 Evelyn H. Lauder lanzó la iniciativa de iluminación de monumentos con el propósito de crear conciencia sobre la prevención de una enfermedad que sólo en Chile suma 5.393 nuevos casos cada año, con un total de 1.688 muertes»

De regreso al siglo XX -cuando Evelyn ya había convertido a una firma de apenas seis productos en un imperio de la belleza-, sostuvo una conversación con una amiga que cambiaría la forma de entender y hacer las campañas de concientización y prevención. Ocurrió en un restaurante neoyorquino, mientras discutía a la hora del almuerzo con su amiga Alexandra Penney, jefa de redacción de la revista femenina Self, temas para los artículos que ese medio de comunicación publicaría para llamar la atención sobre el cáncer de mama.

Evelyn H. Lauder.

Al año siguiente, en 1992, Evelyn y Alexandra lanzaron el lazo rosa como símbolo de la cruzada contra una enfermedad que “cada 15 segundos, en algún lugar del mundo, es el diagnóstico que recibe una mujer”, según se lee en la página web de la compañía. “Viste este listón y haz la diferencia”, se tituló la “Carta al editor” de Self, donde sus dos promotoras aparecen fotografiadas con la ciudad de Nueva York de fondo.

Lo que sigue es un camino de pura voluntad. Evelyn reunió 13 millones de dólares para la creación del centro de investigación del cáncer de mama en el prestigioso hospital Memorial Sloan Kettering Cancer Center (Nueva York), que hoy lleva el nombre de su fundadora. El 2000 lanzó la iniciativa de iluminación de monumentos con el propósito de crear conciencia sobre la prevención de una enfermedad que sólo en Chile suma 5.393 nuevos casos cada año, con un total de 1.688 muertes (Globocan 2018). Cada 19 de octubre, fecha que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció para conmemorar el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, podemos ver como se tiñen de rosado desde la Torre Eiffel (Francia), hasta los templos de Zeus, en Atenas (Grecia), y el de Kiyomizu-dera, en Kioto (Japón). Nuestro país se sumó a la iniciativa en 2010, cuando el Palacio de La Moneda se observó iluminado del color símbolo, y a las máximas autoridades del país vistiendo la cinta a tono.

Los hombres afectados por este tumor también estuvieron en los planes de Evelyn. Justo el año en que la filántropa murió (2011), se engastó una piedra azul al prendedor enjoyado de la cinta que representa al 1% de la incidencia del cáncer de mama diagnosticado en Estados Unidos en pacientes de sexo masculino.

Como vemos, el lazo rosa es historia. Tanto así que el Museo Nacional Smithsoniano de Historia Estadounidense adquirió la colección de objetos sobre filantropía y los archivos sobre investigación.

Hoy, en el siglo XXI, la idea es que la enfermedad pase «a ser historia» con planes de prevención y tratamiento oportuno para las mujeres del mundo entero.

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