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Prevención

Chilenos lideran casos de cáncer testicular en América Latina

En el Mes de la Salud Masculina conversamos con el doctor Roberto Vilches sobre factores de riesgo, diagnóstico, tratamiento y la importancia del autochequeo para detectar una enfermedad que va en alza.

El tumor de testículo tiene un capítulo especial en la agenda de prevención: es de escasa prevalencia, pero ocupa el lugar número uno en jóvenes entre los 20 y 40 años. Entonces, resulta clave realizar el autochequeo o visitar al médico en caso de notar alguna anormalidad.

Estas medidas son de especial urgencia para los chilenos. ¿La razón? Registramos la tasa más alta de este cáncer en Centro y Sudamérica, similar a los países nórdicos, por sobre los siete casos en 100.000 habitantes. Para ponerlo en perspectiva, en otras naciones esta cifra es de alrededor de tres.

“Lo habitual es que el paciente consulte por un incremento del volumen testicular, el aumento de su consistencia y la presencia de nódulos, además de dolor”, explica el doctor Roberto Vilches, urólogo del Instituto Nacional del Cáncer (INC).

Como es un cáncer de rápida expansión, basta con sospechar su existencia para que el paciente ingrese al sistema de Garantías Explícitas de Salud (GES)»

Doctor Roberto Vilches (Instituto Nacional del Cáncer)

Un aspecto positivo es que cuenta con un muy buen examen para diagnosticarlo: la ecografía testicular que, con una seguridad de casi 100%, se la considera el gold standard o el test de máxima certeza para detectar la enfermedad.

“Debido a que es un cáncer de rápida expansión, basta con sospechar su existencia para que el paciente ingrese al sistema de Garantías Explícitas de Salud (GES)”, explica el doctor Vilches. Es decir, no se necesita un diagnóstico concluyente, como en el caso de otros tumores.

Por fortuna, la mayoría de los afectados llegan a consultar cuando el cáncer está en una etapa localizada. “Sólo un 10% debuta con metástasis, acompañadas de dolor lumbar, expectoración con sangre y hemorragia digestiva”, detalla este profesional.

Científicos de la Universidad de Edimburgo asociaron el aumento de este tumor a la exposición de las embarazadas a sustancias químicas presentes en productos plásticos de uso cotidiano»

Human Reproduction Review

El factor de riesgo principal para este cáncer es la llamada criptorquidea, condición en la que uno o los testículos no descienden del abdomen al saco escrotal como debiera, o queda a medio camino. También se considera riesgoso tener un familiar -un hermano, por ejemplo- que haya tenido esta patología, o alteraciones genéticas como el síndrome de Klinefelter.

Una línea de investigación es la que iniciaron el 2010 científicos de la Universidad de Edimburgo alertados por la duplicación de casos de este cáncer. Su teoría -publicada en la revista Human Reproduction– asocia este aumento a la elevada exposición de las embarazadas a sustancias químicas como el ftalato, que se encuentra presente en variados productos plásticos de uso cotidiano. Este elemento alteraría la normal evolución de las células germinales (contenidas en los testículos) durante los primeros meses de desarrollo del feto.

El tratamiento considera la cirugía para extirpar el testículo afectado. Una vez realizada la biopsia y, según la etapa en que se clasifique el cáncer, se evalúa someter al paciente a quimioterapia, por lo general, con buenos resultados. En efecto, este tumor fue el primero en obtener un esquema de tratamiento curativo a finales de los 70 en Estados Unidos gracias al fármaco cisplatino.

También existen algunos marcadores en la sangre que se usan para hacer un seguimiento de la terapia. A los pacientes se les realiza un chequeo cada cuatro meses durante el primer año; cada seis meses el segundo y tercero; y de forma anual el cuarto y quinto año.

Cuando el diagnóstico y tratamiento se realiza de manera temprana, “la sobrevida es de 95% a los cinco años”, explica Vilches sobre el buen pronóstico de esta enfermedad.

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