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Entrevista

Felipe Braun: “Lo más duro fueron las últimas semanas”

El protagonista de Amar a Morir cuenta el duro proceso que enfrentó al ponerse en el lugar de un enfermo de cáncer: en un minuto quiso que todo terminara. Pero el balance que hace es positivo, sobre todo por su aprendizaje de quienes encaran un diagnóstico así en la vida real. “Sí, son héroes”, dice el actor.

Se rapó, sentó en una silla de ruedas, lloró y abrazó a sus hijos. Todo, por supuesto, es parte del guion de Amar a morir, la teleserie de TVN donde Felipe Braun interpreta a un viudo que, tras recibir un diagnóstico de cáncer, decide partir junto a su familia a vivir al Cajón del Maipo.

En la piel del personaje de “Caco Vidal”, el actor de Machos y La colombiana, vivió todo el proceso que enfrenta una persona a quien le informan que sufre una enfermedad con una tremenda carga física, social y simbólica.

Se acercaba mucha gente del equipo a decirme ‘mi primo, mi mamá, mi papá, mi tío…se salvó o se murió. En un momento recibí mucha carga , y me empezó a costar salir del personaje.»


Felipe realizó este viaje desde la posición del intérprete, es decir, como un ejercicio profesional que busca el equilibrio entre empaparse y tomar la distancia necesaria de las emociones en juego. Después de todo, la vida sigue más allá de los escenarios. Pero entonces ocurrió lo inesperado. Algo que hizo tambalear el temple de trapecistas que se espera de los actores: mientras escribía la historia, la guionista de Amar a morir, Bárbara Larenas, fue diagnosticada con la enfermedad en una etapa terminal. Apenas le dieron tres meses de vida, pronóstico que logró superar.

Recuerda Felipe:

 “Cuando a Bárbara le diagnosticaron cáncer al estómago, la historia de Amar a morir cambió para siempre. Nos metimos muy a fondo en el tema, y yo estuve entre quienes impulsamos que se contará de la forma más real posible. Después de todo, nos estábamos involucrando con una situación que afecta a todos los chilenos, porque no existe familia que no haya tenido un enfermo de cáncer, ya sea un abuelo, un padre, un hermano. Teníamos una gran responsabilidad por delante.

– ¿Pasa la cuenta un papel tan fuerte?

-Mira, me mantuve firme y bien casi toda la teleserie, excepto las últimas semanas donde el peso de la historia me afectó bastante. Me puse en el lugar de quienes deben pasar por todo esto lo más que pude, pero siempre desde la mirada del actor, desde afuera. Hasta que en el último minuto ya me empezó a pasar la cuenta. Ahora, el balance de todo es muy bonito. Sin duda es uno de los papeles más importantes de mi carrera.

– ¿Cómo te preparaste?

-Estuve muy cerca de gente que se enfermó y se curó; de familiares donde sus hermanos, lamentablemente, perdieron la lucha. Vi películas y leí sobre el tema, y también me tocó compartir con un oncólogo, un especialista. Hablamos mucho sobre la etapa de negación por la que pasan las personas diagnosticadas, y que es algo que le sucede en un principio a mi personaje, quien no quería aceptar la enfermedad ni tratarse. Con el doctor conversamos cómo la gente evita los tratamientos convencionales y comienza a buscar terapias alternativas, y al final lo que ocurre es que pierden tiempo.

La mayoría de la gente tiene la percepción de que esa persona ya perdió, y es al revés: el que está pelado es el que está peleando.»

– ¿Qué fue lo más duro en todo este proceso?

-Sin duda lo más fuerte para el equipo completo de la teleserie fue la enfermedad de Bárbara. Para mí fue súper complicada la relación con ella. De hecho, no hablamos hasta el final porque uno como actor debe mantener cierta distancia, y el compromiso detrás entorpecía mucho que pudiese actuar bien. El tema estaba muy presente y era bastante complejo de tratar. Ahora, como te decía, lo más duro fueron las últimas dos semanas, cuando el peso de la historia cae en mis hombros.

-Es difícil mantener la distancia con una realidad que se presenta en la forma de un cáncer.

-…Y es que además estaba la enfermedad del papá de la Antonia (el doctor Fernando Zegers), quien ahora está muy bien, pero que en ese momento estaba en una pelea fuerte con quimioterapia, pasándolo mal. También a un técnico del equipo le encontraron un tumor. Entonces, todos nos involucramos una enormidad.

 Me pasó que se acercaba mucha gente del elenco y del equipo para decirme ‘mi primo, mi mamá, mi papá, mi tío …se murió o se salvó’. En un momento recibí mucha carga, y me empezó a costar salir del personaje. Lo que los actores generalmente hacemos es (una vez terminado el trabajo), sacarnos la ropa del personaje y empezar con nuestras vidas. Pero aquí, por las circunstancias que te conté, costaba. Claro que no todo fue tan negativo, también hubo muchas cosas positivas.

«Fue especialmente duro porque tengo hijos de la edad de los de ella, y más chicos», cuenta Felipe sobre los últimos capítulos de la teleserie. Crédito foto: TVN.

– ¿Cómo te afectó concretamente esta carga? ¿Desconcentración, insomnio?

-Yo soy un atado de nervios siempre, y con este tipo de cosas como que me tiritan las manos, no duermo bien. Es algo común en mí.

Todas estas teleseries son de una gran responsabilidad y ponemos mucho de nosotros allí. Pero en el caso particular de Amar a morir, hay algo en la historia que tiene que ver con los niños, y que es cómo Bárbara enfrentó el tema con sus hijos, con el colegio. Esto aparece mucho en las semanas finales, y para mí fue especialmente duro porque tengo hijos de la edad de los de ella, y más chicos. Ese tema fue una angustia constante: pensarlo, darle vueltas y preguntarme cómo lo haría si me pasara a mí, y cómo lo hace la gente a quien le ocurre eso.

Es tanto que en un momento uno ya se quiere ir. Quería que me creciera pelo y no estar más ahí. Vivía estresado, pero uno es profesional y tiene que llegar y grabar cierta cantidad de escenas, todos los días. Después que terminé de grabar, pasé un par de semanas mal, un poco bajoneado. Luego ya me empecé a recuperar.

– ¿Cómo es trabajar en medio de esta tormenta emocional?

-Mira, tiempo atrás un marinero me dijo ‘yo me mareo en las tormentas’. Entonces le pregunté cómo hacía las cosas, y me contestó ‘me mareo, pero en todos estos años aprendí que puedo trabajar igual mareado’. Bueno, creo que a los actores nos pasa lo mismo. Nosotros vivimos afectados, pero trabajamos igual. O sea, tengo que cumplir con las horas de exigencia en la televisión que son súper fuertes, y hacer las escenas que se tienen que hacer porque hay mucha gente detrás. Frente a eso, no le puedo dar permiso ni a la desconcentración, ni a la falta de ritmo ni de energía…sería como un futbolista que no quiere correr. Las emociones son el juego que nosotros aprendimos desde la escuela. Los deportistas se lesionan, los actores se involucran emocionalmente, pero lo tenemos que hacer igual.

– ¿Cambió tu percepción sobre los enfermos de cáncer? ¿Esa imagen que tiene la gente de que o son víctimas o son héroes?-Sí, completamente. Cambió mi percepción de la enfermedad y de los pacientes. Y cuando te digo que no todo fue negativo, me refería a eso. Junto a unos textos maravillosamente escritos por Bárbara, sobre todo me di cuenta de que cuando el paciente está más visiblemente afectado por la quimioterapia -sin pelo y otras cosas-, es justo el momento en que está dando una lucha tremenda. La mayoría de la gente tiene la percepción de que esa persona ya perdió, y es al revés: el que está pelado es el que está peleando. De alguna forma intenté ponerme en los zapatos de quién pasa por todo este proceso. Y eso es súper fuerte, porque es difícil desde fuera entender lo que vive un enfermo. También me tuve que pelar, y en la calle pensaban que estaba enfermo.

Y sí, yo pienso que sí son héroes (los pacientes). Creo que físicamente es casi como para premiarlos, como se hace con un deportista. Que sería justo decirles ‘te felicito porque a tu cuerpo lo hiciste resistir a unas bombas que te están tirando, y pudiste mantenerte firme y seguir haciendo lo que tenías que hacer, y no te ensimismaste y dejaste morir.’ Salí con una impresión muy positiva de la gente que está luchando por ganarle a la enfermedad.


– ¿Cómo el país debería enfrentar un escenario donde el cáncer se convierte en la principal causa de muerte entre los chilenos?

– ¡Es tan difícil responder a esa pregunta!… No están claras las razones exactas de por qué algunas personas se enferman y otras no. Por eso, lo primero que uno diría es que si (las autoridades médicas, científicas o políticas) saben ciertas cosas que nos pueden ayudar a prevenir el cáncer, por favor háganlo ahora, y dejen de pensar en las platas y en todo eso.

Segundo, si los remedios valen lo que valen, por favor que salga el negocio de encima. Yo sé que hay que pagar investigaciones, pero si hay colusiones, imagínate lo que significa en este sentido. Si sabemos que en los próximos años la gente se va a enfermar más de cáncer, por favor preocúpense especialmente de que no nos roben; que las ISAPRES y el país se ocupen de los enfermos.

 Y también hay un tema más filosófico -no sólo religioso- que involucra tanto a quienes están sanos como a quienes están enfermos: entender que la muerte es parte de la vida, y que el derecho de todos es enfrentarla como uno decida, en el más amplio sentido. Es decir, que tanto para quienes desean abandonar como para quienes elijan luchar, exista el apoyo necesario.