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Mes del Cáncer de Mama

Mila Correa: “Hay que informar, no asustar”

La bailarina y ex chica reality explica la importancia de que las mujeres con un tumor de mama tengan acceso al estudio genético que detecta mutaciones. Se trata de un test que aún no cubre el GES, aunque ya el Ministerio de Salud trabaja en su implementación.

Hay un par de cosas que Mila Correa quiere destacar de noviembre, mes que recién comienza: que el miércoles 3 cumple 36 años y que a partir del lunes 15 se someterá a sesiones de radioterapia en el Instituto Nacional del Cáncer, última etapa del tratamiento que ha seguido contra el cáncer de mama que le diagnosticaron en octubre del 2020.

   Radicada en Chile hace doce años -su familia migró por motivos laborales-, la bailarina brasileña se hizo conocida en el país por un reality trasmitido entre diciembre del 2014 y mayo del 2015 (“Amor a prueba”) y hoy aprovecha su notoriedad para apoyar decididamente -a través de su testimonio- iniciativas de concientización sobre esa patología.

gracias a Dios no aparecieron genes mutados porque, en ese caso, habría pedido que me extirparan todo, para no sufrir de a poco. (…) Fue un alivio»

Mila Correa

     “Hay que informar, no asustar”, explica Mila, quien solía participar en actividades de ese tipo incluso antes de recibir su diagnóstico. “Tenía mi propio grupo de baile, un grupo de ritmos brasileños, y nos presentábamos en eventos para pacientes oncológicos. Pero con la pandemia eso acabó y tampoco podría: mi cabeza quiere hacer mucho, pero el cuerpo no me acompaña”, comenta.

   Convertida hoy en emprendedora -vende por Instagram accesorios y ropa que trae de Brasil-, cuenta que siempre sufrió desórdenes hormonales y, debido a un episodio relacionado con esos trastornos, supo que tenía cáncer de mama, un tumor que el año pasado fue detectado en 5.331 chilenas (según Globocan).

   “En septiembre tuve una menstruación que duró casi 20 días, hasta que fui a urgencias. Al mismo tiempo, mi cuerpo se inflamó. Subí nueve kilos de un viaje, los senos me crecieron desmesuradamente y empecé a notar unas masitas en ellos”, recuerda.

   Mientras permanecía en observación en el hospital, Mila recordó que una tía materna había tenido esta enfermedad oncológica. “Fue hace tiempo, pero no sé qué pasó con ella, porque no hay contacto entre nosotras. Se lo mencioné a la doctora que me estaba atendiendo, porque quería que yo tomara anticonceptivos para regular mi periodo y, entonces, me pidió exámenes.”

   Los resultados arrojaron un tumor maligno en la mama izquierda, que ya invadía la axila. Lloró en ese momento y también cuando la biopsia confirmó el diagnóstico. “Sabía que algo andaba mal con mi cuerpo, pero nunca me imaginé que podía ser cáncer. Decidí que no lloraría más y que me enfocaría en lo que debía hacer. A mis papás y a mi hermano les advertí que no quería que me miraran como a una persona enferma ni que me preguntaran cada quince minutos cómo me sentía. ‘¿Qué es tan grave? ¿Que perderé pelo? Después crecerá’, les decía.”

ha sido un proceso largo y doloroso, pero estoy feliz porque avanzamos»

Mila Correa

   Su tratamiento partió con ocho ciclos de quimioterapia y siguió con una mastectomía parcial. Antes de la cirugía, Mila Correa contrajo Covid y estuvo hospitalizada diez días. Tras ser operada, le prescribieron tamoxifeno por diez años y le sugirieron extirpar el útero y los ovarios. “Vamos con calma, déjenme recuperar del impacto”, fue mi reacción.

   Siguiendo el consejo de su médico tratante -en el lugar donde recibió la quimioterapia-, decidió someterse a un estudio que detecta mutaciones en los genes relacionados con tumores de mama y ovario (BRAC1/2), el mismo que llevó a Angelina Jolie a realizarse una mastectomía radical tras comprobar que las había heredado (las mutaciones) de su madre. El test genético está hace más diez años en Chile de forma privada, pero aún no lo incorpora el GES. Hoy el Ministerio de Salud trabaja en su implementación.

   “El precio es alto, me costó como 400 mil pesos. Gracias a Dios, no aparecieron genes mutados, porque en ese caso yo habría pedido que me extirparan todo para no sufrir de a poco. Ese examen debería ser accesible para todas las mujeres con esta enfermedad porque fue un alivio”, afirma la bailarina, cuyo tratamiento, cuenta, ha tenido efectos positivos:

   “Estoy muy agradecida. Ha sido un proceso lento y doloroso, pero estoy feliz, porque avanzamos.”

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