Cardiólogos alertan sobre consumo de alimentos ultraprocesados

Los médicos deberían evaluar en la consulta este factor de riesgo cardiovascular.
En las últimas décadas, los patrones alimentarios globales han sufrido una transformación radical. Pasamos desde las guías alimentarias que buscaban restringir las grasas animales o el sodio, al impacto que tienen los alimentos procesados industrialmente, también llamados ultraprocesados. Estos últimos no son solo preocupación de los nutricionistas. Hoy han pasado a ser un asunto de primer orden en cardiología. Así lo advierte un artículo publicado en la plataforma digital en salud Medscape.

Por ello, la Sociedad Europea de Cardiología ha publicado un informe de consenso clínico pionero, para alertar a la comunidad médica sobre el peligro que representan estos alimentos para la salud del corazón. Los ultraprocesados se elaboran a partir de aceites, azúcares y grasas, además de una serie de aditivos que los hace apetecibles. Entre ellos están los refrescos, la pastelería industrial, los embutidos, los aperitivos envasados, muchos cereales de desayuno y los productos “adelgazantes” o sustitutivos de comidas.
Protección cultural
Su consumo ha crecido de forma sostenida en toda Europa, con los mayores niveles registrados en el Reino Unido, Alemania y los Países Bajos, y los menores en los países mediterráneos: España (25% de la energía total), Portugal (22%) e Italia (18%).
“Los alimentos ultraprocesados tienen escaso valor nutricional y una multitud de aditivos en su elaboración. El principal riesgo de estos productos radica en su estrecha vinculación con el aumento de la obesidad, un peor perfil lipídico, incremento de la diabetes y el síndrome metabólico que al final produce un aumento de las enfermedades cardiovasculares (infartos e insuficiencia cardíaca). Estos alimentos son muy frecuentes, sobre todo en el norte de Europa, donde el porcentaje de ingesta por la población está por encima del 50% en países como Reino Unido. En el sur de Europa, la situación es sustancialmente distinta, pero los cardiólogos alertan que estamos perdiendo nuestra ventaja histórica”, apunta el doctor Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sociedad Española de Cardiología.
Tradicionalmente, la protección cultural que ofrece la dieta mediterránea ha mantenido a España e Italia a la cola del consumo de ultraprocesados en el continente. Sin embargo, la tendencia está cambiando rápidamente debido a la globalización alimentaria y a los nuevos ritmos de vida.
Daño bien documentado
Una revisión de estudios clínicos hasta julio de 2025 revela una cadena causal coherente entre el consumo de ultraprocesados y el deterioro de la salud del corazón. Esto se produce a través de:
- – Incremento de la obesidad, la diabetes tipo 2 y la prediabetes
- – Aumento de la hipertensióny de un perfil lipídico alterado
- – Desarrollo de hígado graso y enfermedad renal crónica
- – Mayor incidencia de enfermedades de las arterias coronarias, accidentes cerebrovasculares y aumento de la mortalidad por causas cardiovasculares

Más allá de su pobre perfil nutricional -ricos en azúcares añadidos, grasas saturadas y trans, sodio, y pobres en fibra y micronutrientes- los ultraprocesados son nocivos por sus aditivos que alteran la microbiota intestinal y producen inflamación. Además, los contaminantes del envasado contienen bisfenoles, microplásticos y compuestos como la acrilamida. Por último, al alterarse la matriz del alimento original (por ejemplo, tomar el jugo de una fruta desechando la pulpa) se acelera la digestión y se reduce la saciedad.
“El daño en el corazón no es solo la ingesta de más calorías, azúcares, grasas saturadas y sodio, sino también las consecuencias provocadas por la ausencia de matriz alimentaria, la degradación de la barrera intestinal y la toxicidad celular de los aditivos y contaminantes industriales”, afirma la Dra. María Bes-Rastrollo, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra.
Toma de conciencia
El documento denuncia una brecha preocupante: pese a la evidencia acumulada, el consumo de alimentos ultraprocesados permanece ampliamente ignorado en la práctica cardiológica, donde el consejo dietético se centra todavía en nutrientes aislados (grasas, colesterol, sal) sin considerar el grado de procesado industrial de los alimentos.

Para corregir esto, el consenso propone a los cardiólogos preguntar en forma sistemática por la frecuencia y cantidad de consumo de alimentos ultraprocesados. Luego, comunicar el riesgo con lenguaje claro y accesible, proponer sustituciones realistas (yogur natural en lugar de yogures azucarados, fomentar alimentos ricos en fibra, cocina casera frente a platos preparados), respetar los horarios de las comidas y orientar a los pacientes sobre la lectura del etiquetado. Como regla práctica, un producto con más de cinco ingredientes, especialmente si incluye aditivos o compuestos de nombre poco familiar, es muy probable que sea un ultraprocesado.
Se trata de pactar pequeños cambios con el paciente, por ejemplo, sustituir el pan de molde por pan fresco integral o los refrescos normales o light por agua o infusiones.
El mensaje debe apuntar a consumir alimentos frescos o mínimamente procesados como los vegetales congelados, las legumbres en conserva o el pescado en tarro. Y si compra algún ultraprocesado, adquiera el que tenga menos aditivos y menos etiquetado nutricional.
