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Cómo se revirtió la epidemia de alergia al maní

En los años 90 y principios del 2000 se aconsejaba a los padres no incluir maní en la dieta de sus hijos. Esto solo incrementó los casos de esta alergia.

En los años 90 y principios del 2000 se aconsejaba a los padres no incluir maní en la dieta de sus hijos. Esto solo incrementó los casos de esta alergia.

La alergia a ciertos alimentos -en particular el maní- se incrementó en los niños durante los años 90 y en los 2000, según los registros de Estados Unidos.

En el caso del maní, la reacción de rechazo pasó del 0,4% de la población pediátrica en 1997 a 0,8% en 2008 y a 1,4% en 2022. Si bien se triplicó, en realidad solo es un incremento de un punto porcentual.

Sin embargo, el 1% de todos los niños de EE.UU. se traduce en aproximadamente 700.000 niños con alergias alimentarias potencialmente mortales, así que tampoco es algo que se pueda menospreciar. Y el estrés de tener que vigilar todo lo que el menor come, y llevar a todas partes un autoinyector de epinefrina en caso de enfrentar una reacción alérgica grave de emergencia es una carga que cualquiera quisiera evitar.

Las recomendaciones de la época sugerían a los padres retrasar la introducción de alimentos de alto riesgo al pasar a sus hijos a la alimentación sólida. Se suponía que los lácteos solo debían introducirse al año, el huevo a los dos años y el maní, los frutos secos y el pescado a los tres años.

Estas medidas preventivas tuvieron el efecto contrario, e incrementaron los casos de alergia.

Hoy, un cuarto de siglo después nos parece obvio que el sistema inmunitario necesita entrar en contacto con el antígeno a una edad temprana para «aprender» que no es una amenaza. Pero en aquel momento no era obvio y, de hecho, solo contribuyó al aumento de las alergias.

Esto llevó a los investigadores a iniciar el estudio LEAP (Learning Early About Peanut) con 530 niños de entre 4 y 11 años, que tenían alto riesgo de eccema o alergia al huevo.

En resumen, la prevalencia de la alergia al maní después de cinco años fue de 13,7% en el grupo que evitó este alimento y de 1,9% en el que se introducía a una edad temprana. Pocos estudios pueden afirmar que realmente cambiaron la práctica médica, pero éste sí lo hizo.

Hoy las alergias a los alimentos -incluido el maní- van a la baja, y lograr invertir la tendencia no es poca cosa. Se identificó el problema y se cambió el comportamiento.

Una última advertencia: al introducir el maní -por supuesto que en forma de mantequilla para evitar accidentes- debe asegurarse que entre en la boca del niño, no en su piel. La probabilidad de desarrollar una alergia es mayor si la primera exposición a la proteína del maní es a través de la piel y no por vía oral.

*Resumen del artículo del doctor Christopher Labos, “El gran pánico por el cacahuate: cómo creamos accidentalmente una epidemia de alergias” – Medscape – 08 de abril de 2026.

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