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A Laura Barrera le diagnosticaron un linfoma en cuarto medio. Fue sometida a un trasplante autólogo de médula y hoy espera seguir estudios universitarios. Crédito foto: Falp.
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Telemedicina y quimio a domicilio: aliados contra el linfoma

Este cáncer de la sangre cuenta con una gran cantidad de innovadores fármacos que permiten preparar el cóctel más adecuado para cada paciente. A días de conmemorarse su Día Mundial -el 15 de septiembre-, asistimos a un conversatorio on line sobre la enfermedad en tiempos de pandemia.

Puede aparecer como un pequeño bulto -similar a un poroto- palpable en el cuello, la ingle o la axila, entre otras zonas del cuerpo. Ese es el tamaño promedio de un ganglio linfático, que forma parte del sistema inmune o defensivo de nuestro cuerpo. Si la persona lo nota inflamado, le causa dolor, pero desaparece en una semana, no hay problema. Probablemente fue una infección pasajera.

   Lo que debe preocupar es cuando este poroto es más duro -casi pétreo-, no duele y persiste en el tiempo. Esto es una señal suficiente para consultar al médico.

   “Es el cáncer más frecuente que afecta a la sangre y, aunque es de mayor frecuencia en quienes superan los 60 años, también lo observamos en adolescentes y jóvenes”, explica el doctor Raimundo Gazitúa, subdirector Médico de Hematología de la Fundación Arturo López Pérez (Falp).

aunque no es lo ideal, la telemedicina ha sido un sucedáneo muy útil en pandemia para estar en contacto con los pacientes. También hicimos quimios a domicilio para no exponerlos a contagios”

Doctor Raimundo Gazitúa (Falp)

  El especialista participó en un conversatorio on line sobre linfomas, una enfermedad que el año pasado registró 1.744 casos nuevos en nuestro país (10° lugar entre los tumores), y 804 fallecimientos (12°), según cifras 2020 de la agencia Globocan, de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

   Cuando el médico sospecha de un ganglio abultado, de inmediato ordena una biopsia para confirmar o descartar el diagnóstico de linfoma. De confirmarse la enfermedad, se reúne un equipo profesional que incluye oncólogo, radiólogo, médico nuclear, cirujano, radioterapeuta y patólogo, para brindar el mejor tratamiento al paciente.

   Esa es la historia de Laura Barrera (20), a quien le diagnosticaron este tumor a los 18 años, cuando cursaba cuarto medio.

   “Estaba en trabajos voluntarios del colegio haciendo casas y me dio como un lumbago. Tomé paracetamol, pero cuando se pasó el efecto me siguió doliendo. En un momento fui a donar sangre, y me dijeron que tenía muy bajos los glóbulos rojos. Ahí fue cuando consulté, me hicieron la biopsia y tuve que iniciar el tratamiento”, relata.

Cuando un bulto en la ingle, cuello o axila se palpa pétreo, no duele y permanece en el tiempo, es momento de consultar con un especialista.

   Confiesa que cuando recibió la noticia, se asustó mucho, pero las explicaciones que le dio el doctor y el apoyo de su familia la tranquilizaron. Luego de las quimios, terminó el colegio y tomó un pre-universitario con la idea de estudiar psicología, pero tuvo una recaída:

   “El doctor me había comentado esa posibilidad. Así es que lo tomé con mucha más calma que la vez anterior, sin miedo y contenta de que lo diagnosticaran rápido. Además, en todo el proceso he estado muy acompañada de mi familia y amigos.”

   Sus médicos tratantes finalmente optaron por un trasplante autólogo de médula ósea (es decir, con sus propias células madre). Una alternativa con intención curativa para quienes presentan recidiva (recaída).

   “Yo dije ‘¡claro, ya estamos aquí!’. Estoy muy feliz de haber podido tener esa opción”, cuenta Laura, quien finalmente se decidirá por la carrera de educadora de párvulos o alguna profesión relacionada con el inglés.

   “Es difícil decirle a cualquiera que tiene cáncer, pero más aún a una persona joven” -agrega el doctor Gazitúa- “Lo importante es acompañar al paciente, resolver sus dudas y apoyarlo. Y también ser honesto de que la evolución puede ser positiva o negativa.”

yo dije ‘¡claro, ya estamos aquí!’. Estoy muy feliz de haber podido tener esa opción (de trasplante autólogo de médula ósea)”

Laura Barrera

   El linfoma no tiene factores de riesgo decisivos como otros tumores, y afecta por igual a hombres y mujeres. En todo caso, el consejo es mantener un estilo de vida saludable, es decir, no fumar, tener un peso adecuado y llevar una vida sana en general.

   Cuando ya enfrenta la enfermedad, uno de los aspectos más relevantes es que el paciente sea responsable y se cuide. Evitar cambios de temperaturas para no resfriarse o hacer una bronquitis. Tampoco comer lo que ofrecen los carritos de la calle, para no exponerse a una diarrea. Esto es crucial para cumplir con los ciclos de la quimioterapia sin demoras.

   La pandemia ha significado un gran desafío y quienes desarrollaron linfomas no son la excepción. Sin embargo, tienen la ventaja de contar con una gran cantidad de nuevos fármacos que permiten al menos tres líneas de tratamientos para cada uno de ellos. Además, quienes agotaron sus alternativas, pueden ingresar a terapias experimentales (ensayos clínicos) que pueden ser exitosas.

   “Aunque no es lo ideal, la telemedicina ha sido un sucedáneo muy útil en pandemia para estar en contacto con los pacientes. También hicimos quimios a domicilio para no exponerlos a contagios. Todo esto ayudó mucho”, dice el especialista.

   Hoy los tratamientos permiten tener pronósticos muy superiores a los de 10 a 15 años atrás. En el caso de los linfomas llamados “tipo Hodgkin”, el 80% de los pacientes está vivo a los cinco años, mientras que en los “no Hodgkin”, la cifra llega a 60%.

   “Hoy la palabra cáncer o linfoma no es sinónimo de muerte, hay muchas alternativas terapéuticas y cada caso tiene su protocolo: quienes enfrentan un diagnóstico pueden estar bien o incluso curarse”, destaca Gazitúa.

   Para Laura lo importante es pensar que “uno no está sola, hay otros jóvenes que también viven este proceso. Es bueno conversar con ellos, compartir con los amigos y apoyarse en la familia”.

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